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Gays y lesbianas
musulmanes se reúnen en Indonesia para analizar su
situación.
Grupos
LGBT de toda Asia han unido fuerzas en una red
internacional, multireligiosa, pero de mayoría
musulmana, para conseguir que sus derechos civiles sean
reconocidos oficialmente por los Estados en que viven.
Según Rio Triawan,Rio Triawan, presidente de Arus
Pelangi, organización que acogía el Congreso, la
comunidad LGTB asiática afronta problemas similares de
visibilidad, violencia y respeto, independientemente de
su origen étnico o religioso. “Todos sufrimos estigma,
discriminación y persecución, tanto por grupos
religiosos como de la ignorancia de los Estados”. |
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Grupos LGBT de toda
Asia han unido fuerzas en una red internacional, multireligiosa,
pero de mayoría musulmana, para conseguir que sus derechos civiles
sean reconocidos oficialmente por los Estados en que viven.
Esta fue una de las conclusiones del Congreso celebrado en Nusa Dua,
en la isla de Bali. Veintiún participantes de Indonesia, Bangladesh,
India, Pakistán y hasta ocho países de la Asia de mayoría musulmana,
incluyendo representantes chinos, han acordado “que sean los países
los que se comprometan a garantizar nuestros derechos como con el
resto de ciudadanos”, declaró Rio Triawan, presidente de Arus
Pelangi, organización que acogía el Congreso.
Según Rio Triawan, la comunidad LGTB asiática afronta problemas
similares de visibilidad, violencia y respeto, independientemente de
su origen étnico o religioso. “Todos sufrimos estigma,
discriminación y persecución, tanto por grupos religiosos como de la
ignorancia de los Estados”.
La enseñanza religiosa
Concretamente en Indonesia, al tener una educación religiosa que
considera la pareja heterosexual la óptima, es común que grupos de
adolescentes acosen y maltraten no sólo a homosexuales y lesbianas
sino también a transexuales.
Aunque no existen leyes que condenen civilmente la homosexualidad en
Indonesia, el estigma, los despidos, el aislamiento social y
familiar y, en resumen, la hostilidad continúan, tanto en el ámbito
rural como urbano..
Los colectivos participantes reivindican sus derechos como parte de
los Derechos Humanos, que han de ser reconocidos internacionalmente
por todos los Estados y grupos étnicos y religiosos. “Simplemente
queremos que se nos trate como otros ciudadanos y ciudadanas”,
continúa Rido, “ni queremos ser ejemplares, simplemente ser tratados
humanamente”, concluye en su declaración en el Congreso.
Lesbianas, la peor parte
La activista cingalesa Rosanda Flamer-Caldera participó en el
Congreso hablando de la situación de las mujeres lesbianas y
transexuales en su país, que a diferencia de Indonesia sí castiga la
homosexualidad como una forma de prostitución (en otros países, se
considera adulterio, incluso en casos de parejas estables).
“Ser lesbiana en Sri Lanka”, declaró, “significa ser una criminal.
Esa es la razón por la que nos volvemos invisibles”. Caldera
continuó con una relación de los casos de abusos a que son sometidos
los homosexuales y lesbianas cingaleses y que nunca son reportados a
la Policía, precisamente porque, junto a la protección frente al
agresor, se podrían presentar cargos contra ellos por el mero hecho
de reconocerse homosexuales públicamente.
Las declaraciones de los participantes han sido seguidas con interés
por los medios indonesios, así como por el cineasta Parvez Sharma y
el blog Queer Muslim Revolution.
A pesar del carácter innovador de este Congreso, pocos medios, y
prácticamente ninguna asociación de protección LGTB del mundo
occidental, se han hecho eco del mismo.
Fuente: Dos Manzanas
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