CRISTINA DE MARTOS para
elmundo.es - 16 de junio de 2008
Un equipo de científicos del
prestigioso Instituto Karolinska sueco está cambiando la
concepción de la sexualidad humana. Su última aportación a este
campo promete levantar cierta polémica: el cerebro de las
personas homosexuales tiene algunas diferencias respecto al de
los heterosexuales. En concreto, la simetría de los hemisferios
y ciertas conexiones nerviosas de los sujetos gays difieren de
lo que cabría esperar atendiendo a su sexo biológico. Lo mismo
ocurre con el cerebro de las lesbianas.
Después de
comprobar cómo gays y lesbianas
procesaban los olores de manera distinta a como lo hacen las
personas atraídas por el sexo opuesto, Ivanka Savic, una de las
investigadoras más prolíficas en este campo, y su colega Per
Lindström, del departamento de neurociencia del Instituto
Karolinsa, se han lanzado a explorar directamente el
cerebro y algunas de sus conexiones en 90 sujetos de distinta
orientación sexual.
Estudios previos
sugerían que las mujeres y hombres homosexuales tenían una
estructura cerebral atípica para su sexo durante la realización
de ciertas pruebas. La actividad de los dos hemisferios no era
la normal, cosa que podría explicarse por cambios en el volumen
de los mismos. Eso fue precisamente lo que Savic y Lindström
midieron utilizando la resonancia magnética en los
participantes.
Feminización y
masculinización
En el cerebelo
–una estructura situada en la parte posterior e inferior de la
cabeza rodeando al tronco del encéfalo, que integra una gran
cantidad de información- no se han detectado diferencias
llamativas. Sin embargo, el cerebro de los homosexuales,
en lugar de la disposición típica de su sexo muestra una similar
a la del opuesto. El de los gays está feminizado y el
de las lesbianas masculinizado.
En las mujeres
'hetero' el hemisferio derecho suele ser más grande que el
izquierdo. Esta característica se observa, paradójicamente, en
los varones homosexuales. "Las lesbianas, por el
contrario, tienen un cerebro más simétrico, más
parecido al de los hombres heterosexuales. El hallazgo “encaja
bien con observaciones anteriores", señalan los autores.
También han
detectado, gracias al PET (tomografía por emisión de
positrones), diferencias funcionales en una región llamada
amígdala. Esta estructura, que es bilateral (hay una en cada
lado del cerebro) forma parte del sistema límbico y está
implicada en el procesamiento y almacenamiento de las emociones.
En el caso de los
varones gays, las conexiones de este pequeño centro
informativo mostraban un patrón marcadamente femenino.
Se establecían preferentemente desde la amígdala izquierda hacia
la contralateral, el cingulado anterior, el núcleo subcalloso y
el hipotálamo. Por el contrario, la amígdala derecha de las
lesbianas era, al igual que en los hombres heterosexuales, la
más dominante y establecía comunicación con los núcleos caudado,
putamen y el córtex prefrontal.
Genética o
ambiente
Para Francisco
Mora, profesor de fisiología humana de la facultad de medicina
de la Universidad Complutense de Madrid, estas diferencias
pueden explicarse a través de influencias sociales, psicológicas
y culturales.
"La amígdala es
la puerta de entrada al sistémica límbico. A ella llega toda la
información sensorial, que emocionalmente es neutra, y en ella
se le confiere una categoría (bueno, malo, etc.)", explica a
elmundo.es Mora. "Aunque en esta estructura existan circuitos
que están preprogramados, es necesario aprender para hacer esa
clasificación", añade.
Desde este punto
de vista, "los patrones culturales son capaces de modificar
física y químicamente el cerebro" de forma que las observaciones
de Savic y Lindström pueden explicarse a partir del ambiente y
no serían innatas sino adquiridas.
Campo de estudio
controvertido
Si el homosexual
nace o se hace es una vieja pregunta; y su respuesta, temida por
muchos. La posibilidad de que la orientación sexual sea algo
innato, es decir, que tenga un sustrato biológico, podría abrir
de nuevo la puerta a la búsqueda, que tanto daño ha provocado,
de una cura para esta condición que
dejó de ser considerada una enfermedad por la Organización
Mundial de la Salud hace 18 años.
Por otro lado,
que la orientación sexual venga 'de fábrica' daría la
vuelta al feo argumento 'contra natura' ya que de venir
determinado por los genes, el homosexual estaría siendo
exactamente lo que es. "La utilidad de los trabajos de Savic y
Lindström tal vez sea la de acabar con la vieja idea de que las
malas influencias y experiencias están detrás de la atracción
por personas del mismo sexo", señala Manuel Martín-Loeches,
responsable de la sección de neurociencia Cognitiva del Centro
Mixto UCM-ISCIII de Evolución y Comportamiento Humanos.
Desde COGAM, el
Colectivo de Lesbianas, Gays, Transexuales y Bisexuales de
Madrid, su presidente, Miguel Ángel González, resta importancia
a este tipo de trabajos ya que considera tratan temas
'olvidados' y sentencia: "El homosexual ni nace ni se
hace, el homosexual es".
Desde que el
polémico
Simon
LeVay hiciera públicas sus conclusiones acerca de las
diferencias entre el cerebro de homosexuales y heterosexuales,
muchos estudios han detectado ciertas divergencias entre unos y
otros. Los trabajos con hermanos gemelos dejan entrever cierto
papel de la impronta genética en la orientación sexual, que, sin
duda, tendrá su influencia. Pero también el ambiente es
determinante, como revelan los porcentajes de hijos adoptados
por homosexuales que prefieren a parejas de su mismo sexo, un
14% frente al 2% de la población general.
Los autores
suecos parecen inclinados hacia la teoría multifactorial. En la
cuestión del dimorfismo sexual del cerebro, "hay que
tener tres factores en cuenta: el entorno, la genética y las
hormonas".