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Las
uniones homosexuales se abren paso en Costa Rica
Un proyecto de ley que
legaliza las uniones civiles entre personas del mismo
sexo avanza en el Congreso .Hablar
de uniones civiles o de hecho, sin mezclarlas con la
palabra matrimonio, ni mucho menos hablar de adopciones,
es el camino que ha escogido el movimiento homosexual
costarricense para reclamar sus derechos civiles y
ponerse en la línea de Holanda, España, Uruguay,
Bélgica, Sudáfrica, Canadá y los Estados de California y
Massachusetts en EE. UU.
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elpais.com
- 04 de junio de 2008
Nada de derechos gananciales ni seguros
médicos, ni herencias ni cosa que se parezca a una unión reconocida
por el Estado. Esperan ahora que un proyecto de reforma legal
capitalice el apoyo político para que antes de que termine esta
legislatura en Costa Rica puedan presentarse como pareja ante un
juez.
¿Matrimonio homosexual? Ni se menciona. La palabra puede resultar
detonante en una sociedad donde el catolicismo decrece en adeptos,
pero no en influencia. Además, Andrés es de los que reza el rosario
y cree con fervor en la institución de los sacramentos.
Hablar de uniones civiles o de hecho, sin mezclarlas con la palabra
matrimonio, ni mucho menos hablar de adopciones, es el camino que ha
escogido el movimiento homosexual costarricense para reclamar sus
derechos civiles y ponerse en la línea de Holanda, España, Uruguay,
Bélgica, Suráfrica, Canadá y los Estados de California y
Massachusetts en EE UU.
"El debate es único en la región", expresa con cierto orgullo
Abelardo Araya, coordinador del Movimiento GLBT (gay, lésbico,
bisexual y transexual) en Costa Rica, un grupo que ha recibido la
asesoría constante de sus homólogos españoles, quienes confían en
generar un efecto dominó en Centroamérica. "Todos los modelos de
familia deben tener cabida en este siglo. Reconocer que dos personas
del mismo sexo son familia no resta derechos a otros modelos
familiares; simplemente, se está admitiendo una realidad que existe
en España y en Costa Rica", dijo en el diario La Nación Antonio
Poveda, activista de la comunidad homosexual española. Los líderes
costarricenses le siguen el discurso, pero saben que Centroamérica
tiene sociedades menos dispuestas a imaginar a Enrique y a Andrés
besándose en un ambiente de boda.
Por eso quieren caminar al borde de la línea. La reforma legal,
incluso, podría transformar su formato para evitar modificar
directamente el Código de Familia y activar un debate distorsionante.
"Alterar el concepto de familia aquí es algo delicado, porque es ir
a la base cristiana del matrimonio y es obvio que la Iglesia se
opone", comentó la diputada opositora Andrea Morales (Acción
Ciudadana), conocida por las posturas rompedoras a las que la
inclinan sus 26 años de edad.
Apoyos al proyecto de ley
El apoyo político viene de todos lados. Legisladores oficialistas y
hasta la ministra de Salud, María Luisa Ávila, han dado su respaldo
al proyecto de ley, que los homosexuales esperan ver aprobado antes
del 2010 y que ahora evalúa la comisión legislativa de Derechos
Humanos. "Desde el punto de vista de que la salud no es solo la
ausencia de enfermedad, si las personas homosexuales o lesbianas
sienten que con esta ley se les ratifican derechos y se van a sentir
más felices, pues van a mejorar su salud", ha explicado Ávila.
El propio presidente, Óscar Arias, había manifestado un mes antes de
resultar elegido su simpatía con la legalización de las uniones de
hecho.
Posturas similares han presentado diputados de todas las bancadas,
salvo el representante del partido cristiano Restauración Nacional,
Guyón Massey, quien insiste en que se estaría creando otra categoría
de familia. Abelardo Araya teme, además, que dirigentes de la
Iglesia católica estén aparentando pasividad y que, a hurtadillas,
presionen directamente a los congresistas. "Los sacerdotes creen que
estamos hablando de un matrimonio homosexual solapado, pero estamos
hablando sólo de derechos civiles semejantes a los de una pareja
heterosexual que vive en matrimonio. Creemos que es totalmente
válido", agregó el dirigente.
Costa Rica, aunque menos conservador que la mayoría de países de
América Latina, presenta una fuerte relación entre los poderes y la
religión oficial.
Y aunque cada vez hay menos católicos practicantes, otras iglesias
cristianas aumentan al amparo de ideas menos propensas a asuntos
como las uniones entre personas de igual sexo. "Ahora hay que hacer
leyes solo para playos" [forma despectiva de referirse a los
homosexuales en Costa Rica], dijo con ironía un profesor de
secundaria al leer en el periódico las posiciones de los diputados.
Andrés y Enrique saben que la ley es mucho más que un "capricho de
playos". |