Boris Dittrich está
casado con otro hombre. Con papeles y todo. Es que en su
país, Holanda, el matrimonio entre personas del mismo sexo
es legal desde 2001 y también la adopción para parejas gays
y lesbianas. Las dos leyes, las primeras de su tipo en el
mundo, fueron impulsadas por este abogado y ex juez, que
hasta el año pasado fue miembro del Parlamento holandés y en
ese cuerpo se convirtió en uno de los primeros legisladores,
que abiertamente dijo que era homosexual. Pero a fines de
2006 Dittrich saltó de la política nacional a militar en
Human Rights Watch, una
organización internacional de derechos humanos, con sede en
Nueva York, y ahora se dedica a la promoción de los derechos
de lesbianas, homosexuales, bisexuales y transexuales (LGTB)
en distintas partes del planeta.
En los últimos días llegó a
Buenos Aires. En un reportaje con Página/12, contó cómo fue
el proceso parlamentario para la sanción de ambas leyes y
destacó el impacto que tuvieron en la sociedad. Con la
legalización del casamiento entre gays y lesbianas, “la
institución matrimonio se vio fortalecida y no se puso en
peligro”, afirmó. Y consideró que “en la práctica uno puede
ver que un niño criado en ese tipo de familias recibe más
atención en promedio que el hijo de una pareja
heterosexual”.
"Todos esos chicos dicen que tienen más afecto y más atención que
muchos hijos de padres heterosexuales. Estoy convencido de que eso
tiene que ver con que las parejas de dos mujeres y las de dos
hombres piensan muchísimo el tema del hijo, si tienen plata, si
tienen ganas, si tienen energía. Es una decisión muy consciente. En
cambio en las parejas heterosexuales es algo más automático", dice.
Dittrich admite que si bien la
política y la Justicia holandesa no discrimina, la sociedad aún sí.
Y pide que por favor la gente borre de su cabeza la idea que si un
chico tiene un padre homosexual, va a ser homosexual: "La
orientación sexual no es una elección. Está en los genes".
–¿Cómo fue el proceso de
aprobación de la ley holandesa?
–Cuando empezamos a hablar de la
presentación del proyecto, muchas personas dudaban porque no
podían visualizar a dos hombres o dos mujeres casándose.
Ahora que tenemos nuestra ley, que luego fue replicada en
Bélgica, España, Canadá y el estado de Massachusetts en
Estados Unidos, es más común ver a personas del mismo sexo
casándose. Y aquellas personas que tenían dudas sobre esta
ley han comprobado que la institución matrimonio se vio
fortalecida y no se puso en peligro.
–¿Fue fácil llegar a un
consenso o tuvieron que sortear fuertes resistencias?
–Fue muy difícil. Porque éramos el
primer país en el mundo en legislar en ese tema. A pesar de
que la gente entendía y respetaba el principio de no
discriminación, el argumento más escuchado era: “No existe
una ley así en ningún lado, ¿por qué tenemos que ser
nosotros los primeros?”.
–¿Qué estrategia plantearon?
–Primero presentamos la ley de unión
civil, que es casi igual a la del matrimonio para personas
del mismo sexo, pero con algunas diferencias. Una vez que
entró en vigencia esa primera ley, la gente se dio cuenta de
que en el mundo no cambiaba nada y se acostumbraron a la
idea de parejas del mismo sexo. El paso siguiente fue
presentar el proyecto de ley de matrimonio para gays y
lesbianas. Así iba a ser más fácil. Pero de todas formas
íbamos a ser el primer país del mundo con una legislación de
este tipo. Entonces luego de las elecciones de 1998 presenté
el proyecto en la coalición que ganó: había tres partidos,
uno de ellos el que yo lideraba, y los otros dos aceptaron.
Teníamos mayoría en ambas cámaras y fue sencilla la sanción
de la ley. Recién entró en vigencia en 2001.
–¿Y qué paso con la ley que
permite adoptar a personas del mismo sexo?
–Son leyes distintas, pero ambas
siguieron el mismo proceso. Una vez que tuvimos la ley de
matrimonio, el paso siguiente fue permitir la adopción. Pero
la ley dice que no es un derecho de la pareja la adopción,
sino que es un derecho del niño, a ser criado en un entorno
familiar adecuado. Se dan los casos de chicos que nacen en
una relación de dos mujeres y la ley le permite a la madre
social, es decir, la que es pareja de la madre biológica,
adoptar a esa criatura porque es mejor para el niño tener
una relación legal con ambas madres que lo crían. No está
permitido discriminar a esa madre y decir que a pesar de que
sea mejor para el niño no se le va a dejar adoptar por ser
lesbiana. La base de la ley es el derecho del niño y la no
discriminación. Hay otras situaciones también. En Holanda
hay apenas alrededor de cincuenta niños por año para ser
adoptados. Entonces, la mayoría de los casos que aparecen
entonces son de adopción internacional.
–¿Qué situaciones se pueden
dar?
–Por ejemplo, una madre soltera
holandesa que tiene problemas de adicción quiere que su
hermano adopte a su hijo. Y si ella muere, y el hermano vive
con su esposo, ellos adoptan el chico. Pero la autoridad
holandesa debe decidir que esa situación es la más saludable
para el chico.
–¿Qué impacto tuvo esta ley en
la sociedad holandesa?
–Los que se oponen son especialmente
grupos religiosos. Ellos sostienen en términos generales que
no es bueno para un chico ser criado por dos hombres o dos
mujeres. Pero en la práctica uno puede ver que un niño
criado en ese tipo de familias recibe más atención en
promedio que el hijo de una pareja heterosexual, porque las
parejas homosexuales debieron haber pensado mucho en la
decisión de adoptar y fueron puestos bajo la lupa por la
autoridad de adopción. No hay una examinación de esa clase
para parejas heterosexuales. Cualquiera puede tener un hijo.
Hay quienes piensan que algunas parejas heterosexuales
deberían tomar un curso de crianza.
–Uno de los aspectos que
genera más interrogantes y temor en sectores conservadores
es cuál será la orientación sexual de los hijos criados por
parejas del mismo sexo.
–La mayoría de los homosexuales tienen
padres heterosexuales. En Holanda hay alrededor de 25 mil
chicos criados por parejas homosexuales y lesbianas. Una de
las universidades está recolectando información sobre este
tema y los viene siguiendo a lo largo de los años. Hasta
ahora, los resultados obtenidos de esta investigación
muestran que estos chicos no tienen problemas específicos.