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“Lo peor que le puede pasar a
uno es terminar pareciéndose a su enemigo”.
Me he tomado esta semana de
“sabática” para comentar sobre la famosa “marcha y
lavado de banderas peruanas y de la diversidad” que
aconteció en las inmediaciones del Congreso de la
República por la ratificación “con reservas” de la
Convención Iberoamericana de Derechos de
l@s Jóvenes.
Analizando los puntos de
vista y para no resultar repetitivo sobre las opiniones
emitidas principalmente por Beto Ortiz e ilustres Eddy
Blume y Viviana Meltzi sobre el tema, tengo una opinión
al respecto que quisiera compartir.
Por todo lo visto y oído, me
pregunto ¿cómo protestar ante la ciudadanía? ¿qué
estrategias utilizar para lograr nuestros objetivos?,
las organizaciones y personas que nos representan,
¿realmente son representativos de la comunidad?. Y la
gran interrogante: ¿Porqué ni siquiera hemos sido
capaces de elegir a un o una congresista de la comunidad
que sea nuestra voz en el Parlamento Nacional?.
Deduzco por lo hasta ahora
logrado, que no se están haciendo las cosas bien, por
ejemplo los desfiles del “día del orgullo” y de los
“besos masivos” –léase” todos contra todos”- en
el parque del amor cada 14 de Febrero solo han
conseguido que la población heterosexual, (que por si no
lo han notado son el 99.999999 % contra el 0.000001 %
que se manifiestan abiertamente), estén cada vez mas en
contra de reconocer nuestros derechos básicos
ciudadanos.
Por si tampoco lo han notado
este mundo es un mundo heterosexual, será por eso que
nos dicen “raros”, o sea extraños, fuera de la mayoría.
Desde que nacemos nos enseñan que quienes se enamoran,
se casan y viven felices para toda la vida son un hombre
y una mujer.
Hasta los dramaturgos mas
“gays” han escrito sobre hombres y mujeres en sus
grandes obras de amor (Romeo y Julieta, por ejemplo).
Entonces que hacemos
presentándonos como “marcianos de carnaval” ante una
ciudadanía, naturalmente heterosexual y no sólo eso sino
homofóbica. Lo único que conseguimos es reforzar esa
homofobia y que les digan a sus hijos “cuidadito con
que seas como esos maricones que desfilan y protestan
por cojudeces”.
Hasta Carlos Omar Araya
(que escribe la columna “uno como tu” aquí en el
diariodelimagay.com) ha confesado que sus padres no
saben que es gay, a pesar que se atrevió a salir en la
tele con su bandera y batea en mano.
Bueno con orgullo puedo
decir que mis padres, hermanos, tíos, sobrinos, cuñados,
amigos (heterosexuales) y compañeros de trabajo saben
que lo soy, igual con mi pareja y ya llevamos cinco años
de relación viviendo juntos y nadie nos rechaza ni
discrimina, sino todo lo contrario.
Y sin embargo, admitamos que
aún nuestra sociedad no esta dispuesta a vernos como
“normales” o como “iguales” a ellos, aún seguimos siendo
“diferentes”.
Esto me hace recordar a la
canción de Alaska y Dinarama (porque esa versión
light de Thalía aún no me cuadra) “A quién le
importa”, yo si sé a quién le importa, le importa a tu
mamá, a tu papá, a tus hermanos, a tus abuelos, etc. A
ellos si les importa que des risa o desprecio, que hagas
el ridículo, o que simplemente seas un “maricón”.
Tomemos como ejemplo a Beto
Ortiz, cuando él empezaba en la televisión nunca salió y
dijo, “por si acaso soy gay”. No, él fue un reportero
intrépido que se hizo notar por su trabajo profesional.
El escándalo vino después, mucho después e hizo de su
estilo de vida un estilo de periodismo y trabajo.
Jaime Bayly, cuando
compartía sus opiniones en el diario “La Prensa”, junto
con Federico Salazar, Enrique Gherzi, Álvaro Vargas
Llosa, entre otros y cuando era panelista de “Pulso” y
en los programas especiales por los procesos elecciones
de los años 80, nunca se presentó diciendo, “soy Jaime
Bayly y también me gustan los hombres”. Eso vino después
con sus libros y sus programas de televisión en los que
besaba hombres y mujeres.
¿Quién los hubiera tomado en
serio si ante ponían sus preferencias sexuales a sus
luces profesionales?. Absolutamente nadie.
Si Martín Luther King
hubiera salido disfrazado de “aborigen africano” ,
semidesnudo con lanza, escudo y hueso en la cabeza,
frente al Capitolio en Washintong D.C. en la década de
los 60 en pleno “macartismo” para reivindicar los
derechos de los afro estadounidenses (porque eso de
afro-americanos se debería referir a todos los
afro-descendientes de las tres américas), ¿lo hubieran
tomado en serio?. No lo dudo, lo afirmó que no, hubiera
terminado en el manicomio.
Yo no he participado ni
pienso participar en esas marchas y actividades
públicas, simple y sencillamente porque los “visibles”
de la comunidad no me representan. Yo soy un señor y
quiero seguir teniendo el respeto de todos los que me
estiman y me conocen.
Además, he escuchado a
muchas en transexuales, por ejemplo a Naamyn Timoyco
decir innumerable veces por televisión que ella ya se
operó, y en consecuencia ya no es “gay” sino una
“mujer”.
Entonces me pregunto yo ¿que
hacen estas “mujeres”, que buscan “hombres” para sus
amoríos, en líos de gays que somos hombres que amamos a
otros hombres y de lesbianas que son mujeres que aman a
otras mujeres?. No entiendo.
Aunque yo sí voté por la
abogada Susel Paredes, y lamenté que no haya sido
elegida, nadie de los gays ni a las lesbiana que
conozco, votó por ella, ni siquiera estaban enterados de
su candidatura.
Cuando dejemos de lado
posiciones tan intolerantes y fanáticas de pensar que
tenemos la razón, como las del mismo “Opus dei” que
tanto odian algunos, quizás logremos los primeros
avances, mientras tanto, seguiremos siendo unos “raros
visibles” solitarios y sin derechos.
“Lo peor que le puede
pasar a uno es terminar pareciéndose a su enemigo”.
Lima, Abril del 2008
EL OBSERVADOR.
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