ISABEL
F. LANTIGUA para ELMUNDO.ES - GTT - DLG 3 de abril de 2008
Durante los últimos años varias
investigaciones han puesto sobre la mesa algunos de los efectos
a largo plazo que tienen los fármacos utilizados para tratar el
sida. Pero por primera vez un estudio apunta que uno de estos
medicamentos –el abacavir, perteneciente a la familia de
inhibidores de la transcriptasa inversa- multiplica por dos el
riesgo de sufrir un infarto de miocardio, algo que hasta ahora
sólo se había visto con los productos de otra familia, los
inhibidores de la proteasa.
De momento no se
puede confirmar con total certeza esta relación, pero los
resultados del estudio observacional D:A:D (Colección de Datos
sobre los efectos secundarios de los antirretrovirales),
publicados en la revista 'The Lancet', son bastante
concluyentes. Tras seguir a
33.347 pacientes con VIH durante más de cinco años en
212 clínicas de Europa, EEUU y Australia, los autores afirman
que "existe más riesgo de sufrir un ataque al corazón entre los
individuos que toman abacavir y que
esta relación no puede
explicarse por la presencia de otros factores de riesgo
como el tabaco o la hipertensión".
El efecto también
se dio, aunque en menor medida, en el caso del fármaco
didanosina (mucho menos utilizado que el anterior), pero no se
observó con ningún otro de los inhibidores de la transcriptasa
inversa analizados (zidovudina, estavudina y lamivudina).
Esta
contraindicación sólo se dio mientras los pacientes tomaban el
fármaco y desaparecía a los
pocos meses tras dejar de usarlo, explican los autores.
Además, no es acumulativo, por lo que una vez que la persona con
VIH deja abacavir su riesgo de sufrir un infarto es el mismo que
el de quienes nunca tomaron el medicamento.
"Los resultados
han sido inesperados y al no tratarse de un ensayo clínico
comparativo, sino de un estudio observacional, no podemos
afirmar con total seguridad que exista una relación causa efecto
entre el fármaco y los infartos, pero dado el tamaño de nuestra
muestra y el tiempo de seguimiento, creemos que los datos son
bastante consistentes", afirma el doctor Jens D Lundgren, de la
Universidad de Copenhague (Dinamarca) y coordinador del trabajo.
Un comentario
firmado por James H. Stein, de la Universidad de Wisconsin (EEUU),
reconoce que "en general, los resultados de los estudios
observacionales no implican cambios en la práctica médica, pero
en este caso, dado el gran aumento del riesgo de sufrir un
infarto entre quienes toman abacavir, los datos no pueden
ignorarse. Sin embargo, la decisión de cambiar o no de terapia
debe hacerse de forma muy cauta".
¿Qué deben hacer
los pacientes?
Aunque ningún
experto pone en duda hoy día los beneficios que la terapia
antirretroviral proporciona a los pacientes con sida, el mayor
aumento de la esperanza de vida, que implica por consiguiente un
mayor uso de estos medicamentos, ha hecho emerger algunos
efectos secundarios. Los relacionados con el corazón son
especialmente preocupantes, pues
más del 10% de los
fallecimientos entre las personas infectadas por VIH se
debe a enfermedades cardiovasculares.
Por eso, ante el
reciente descubrimiento sobre abacavir, Lundgren y su equipo
plantean un dilema.
"¿Deberían los médicos simplemente aumentar la vigilancia ante
la posibilidad de que el paciente sufra un infarto de miocardio,
sin retirar el abacavir, mientras esperan más evidencias sobre
el tema o deberían los pacientes que están recibiendo el fármaco
interrumpir su uso?". La respuesta la dejan en manos de los
propios médicos. "Los especialistas deberán valorar cada caso
concreto y decidir si cambia o no de terapia, según el perfil
del paciente".
"Nuestro hallazgo
debe tomarse con cautela. Deben hacerse más investigaciones
sobre los efectos a largo plazo de los antirretrovirales",
concluyen.
La compañía
investigará el fármaco
Para
GlaxoSmithKline (GSK), la farmacéutica que comercializa abacavir,
los resultados del estudio D:A:D no coinciden con los de sus
ensayos.
En una carta
publicada también en 'The Lancet', los responsables de la
multinacional explican que tienen información de 54 ensayos
clínicos (todos ellos patrocinados por la empresa) en los que
comparaban durante 24 o 48 semanas el uso de abacavir en 9.639
pacientes con 5.044 personas que no tomaban el fármaco. No
encontraron un aumento del riesgo de infarto.
No obstante,
añaden que "GSK se toma en serio el descubrimiento del nuevo
estudio y se compromete a
analizar los resultados para comprender qué es lo que
sucede exactamente y comunicar abiertamente sus conclusiones".
La FDA y la Agencia Europea
del Medicamento (EMEA, en sus siglas en inglés) han emitido
sendos comunicados a propósito del estudio en los que
señalan que están examinando los datos disponibles y que aún es
pronto para pronunciarse sobre el fondo de la cuestión. La FDA
considera, además, que los análisis son “incompletos”, al no
evaluar el riesgo de infarto de miocardio con tenofovir y
emtricitabina, otros dos fármacos de la clase de los ITIN. En
cuanto a los análisis de GSK y BMS sobre abacavir y ddI, la FDA
los considera “no concluyentes”.