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  AGENDA DLG

SALUD

Efectos del VIH y del tratamiento  Antiretroviral

Relacionan Lipodistrofia  con Depresión y Tratamiento Antiretroviral con menor tolerancia al ejercicio

Un estudio relaciona la pérdida de grasa en la cara con ( lipoatrofia ) depresión severa en pacientes con VIH. Otro estudio señala que la menor tolerancia al ejercicio observada entre las personas que toman tratamiento anti-VIH puede deberse a una disfunción cardiaca oculta producida por los medicamentos.

gtt-vih 05 de enero de 2009

LIPODISTROFIA

La lipodistrofia es una alteración en la forma en que el cuerpo produce, usa y almacena grasa, común entre pacientes con VIH que siguen un tratamiento antiviral desde hace años. Puede manifestarse bajo la forma de lipoatrofia, que es una disminución progresiva de la grasa en determinadas partes del cuerpo, en especial en el rostro (se hunden los pómulos y las sienes), los brazos, las piernas y las nalgas, o como hiperadiposidad, lo que genera una acumulación de grasa en zonas como el abdomen, las mamas, el tórax y la nuca. Cuando hacia 1996 se informaron los primeros casos, los síntomas de lipodistrofia fueron a menudo confundidos con la pérdida de peso y el llamado “síndrome de desgaste” asociados con el sida. Pero luego quedó en claro que no se trataba de un cuadro que comprometía al cuerpo en su totalidad sino a partes específicas, y que se daba en pacientes cuya carga viral estaba controlada por efecto de las triterapias.
  • Lipodistrofia y  Depresión

Un equipo de investigadores de la Universidad de Washington ha

 estudiado el impacto psicológico de los cambios morfológicos del síndrome de lipodistrofia en un grupo de pacientes mayores de 18 años que acudieron al centro médico asociado a dicha universidad entre septiembre de 2005 y junio de 2006. Un total de 250 personas con VIH participaron en este estudio transversal y observacional. A todas ellas se les pidió completar una evaluación que incluyó mediciones de depresión y de composición morfológica corporal.

Dicha evaluación la llevaron a cabo respondiendo a unos cuestionarios habilitados en ordenadores con pantallas táctiles. Para medir la depresión se utilizó el cuestionario PRIME-MD. Se preguntó sobre uso de drogas según un test llamado en inglés Alcohol, Smoking and Substance Involvement Screening Test y las preguntas sobre los cambios morfológicos se basaron en el Study of Fat Redistribution and Metabolic Change in HIV Instrument. Se usó un análisis de regresión lineal para examinar la asociación entre lipoatrofia (pérdida de grasa subcutánea) o lipohipertrofia (acumulación anómala de grasa) y depresión. Para examinar la relación entre la media de los marcadores de depresión y la lipoatrofia o lipohipertrofia en diez partes del cuerpo se usó un análisis de varianza.

La edad media de los participantes fue de 43 años, el 86% eran hombres y el recuento medio de CD4 nadir (el más bajo nunca) fue de 169 células/mm3. Se obtuvo como resultado que :

  • Los marcadores medios de depresión fueron más elevados entre aquellos pacientes con lipoatrofia de moderada a severa (16,4), intermedios entre aquéllos con lipohipertrofia de moderada a severa (11,7), con lipohipertrofia leve (9,9) y lipoatrofia leve (8,5). En cambio los marcadores más bajos se obtuvieron entre aquellas personas que no sufrían anomalías morfológicas corporales (7,7) (p=0,002).

Tras ajustar por edad, etnia, sexo, uso de tratamiento antirretroviral, índice de masa corporal, uso de drogas y recuento actual de CD4, los marcadores medios de depresión de las personas con lipoatrofia de moderada a severa fueron 9,2 puntos mayores (p<0,001), los marcadores de aquéllas con lipohipertrofia de moderada a severa fueron 4,8 puntos mayores (p=0,02) y los de los pacientes con lipohipertrofia leve fueron 2,8 puntos más altos (p=0,03) que los de los pacientes sin ningún tipo de anomalías morfológicas.

  • La lipoatrofia facial (pérdida de grasa subcutánea en la cara) fue la complicación que se asoció con los marcadores más altos de depresión: un 15,5 frente al 8,9 del grupo control; p=0,03.

En sus conclusiones los autores del estudio afirman que entre las personas con VIH la lipoatrofia y la lipohipertrofia se asocian significativamente a marcadores más elevados de depresión, siendo la lipoatrofia la complicación que más se relaciona con depresión severa.

Fuente: natap.org
Referencia: H.M. Crane, C. Grunfeld, R.D. Harrington et al Lipoatrophy among HIV-infected patients is associated with higher levels of depression than lipohypertrophy. HIV Medicine Oct 2008

 
  • La intolerancia al ejercicio puede deberse al efecto del tratamiento antirretroviral sobre el corazón

La menor tolerancia al ejercicio observada entre las personas que toman tratamiento anti-VIH puede constituir una manifestación temprana de una disfunción cardiaca oculta, según una carta publicada en el ejemplar de 30 de noviembre de la revista AIDS.

Los autores del informe recomiendan realizar un examen regular del corazón en los pacientes que reciben terapia para detectar posibles anomalías subclínicas y ayudar a los médicos a tomar decisiones que ayuden a que las personas mantengan una buena salud cardíaca.

Los expertos han propuesto diversos motivos para la menor tolerancia a los ejercicios aeróbicos observada en las personas con VIH que toman terapia antirretroviral (TARV), entre ellos el tabaco, la anemia y la falta de forma física por vivir con una enfermedad crónica. Algunos fármacos anti-VIH, especialmente los inhibidores de la transcriptasa inversa análogos de nucleósido (ITIN), también están implicados debido al estrés oxidativo al que someten a los tejidos del organismo, incluyendo los músculos.

A principios de 2008, un equipo de investigadores franceses añadió otra posible explicación a este fenómeno cuando registró una menor tolerancia al ejercicio junto con signos de disfunción en el ventrículo izquierdo en un grupo de hombres con VIH. En el estudio de seguimiento aquí tratado, los autores demostraron aún más la conexión entre ambos fenómenos. El estudio contó con 16 hombres con VIH (de etnia blanca, índice de masa corporal [IMC] <30 kg/m2 y edad entre 30-50 años) que habían recibido tratamiento antirretroviral durante al menos dos años y habían controlado bien la enfermedad (promedio del recuento de CD4 de 503 células/mm3 y una carga viral indetectable en dos terceras partes de los participantes). Los autores del estudio los compararon con un grupo de 21 hombres sin VIH emparejados por edad, tamaño, hábitos de consumo de tabaco y nivel de actividad.

El equipo de investigadores realizó un ecocardiograma (ECG) en reposo a los participantes del estudio. Los pacientes con VIH mostraron signos de disfunción cardíaca con mayor frecuencia, especialmente problemas en el ventrículo izquierdo durante la diástole (cuando el ventrículo se rellena tras la contracción). Se observaron anomalías en la relajación o el llenado de sangre en el 56% de las personas del grupo con VIH, frente al 14% en el grupo de control (p >0,01).

Cuando los participantes realizaron una prueba de esfuerzo, ningún varón (con o sin VIH) presentó signos clínicos de isquemia miocárdica o de falta de flujo sanguíneo al músculo cardíaco. No obstante, los hombres con VIH mostraron un menor rendimiento en diversos indicadores de función cardíaca, aun cuando ambos grupos tenían niveles similares de consumo de tabaco y de actividad y los valores de hemoglobina media también eran parecidos.

El ritmo cardíaco máximo fue un 14% menor (p ≤0,05) en el grupo con VIH respecto al grupo de control. Asimismo, el ritmo cardíaco máximo fue un 6% inferior en el grupo de personas con el virus (p >0,05), pero todos los pacientes alcanzaron al menos el 90% del valor predicho para su edad. Los autores sugieren que esto va en contra de la hipótesis de que la intolerancia al ejercicio se debe a un defecto del sistema nervioso central, encargado de controlar el ritmo cardíaco.

Por el contrario, los autores sugieren que la causa probable de la intolerancia al ejercicio es la disfunción cardíaca oculta observada durante el ECG en reposo. En el grupo de personas sin VIH, el volumen sistólico (la cantidad de sangre bombeada por el corazón en un único ciclo de contracción) aumentó hasta llegar al ejercicio de intensidad moderada y, entonces, alcanzó una meseta. En los hombres con VIH el volumen sistólico aumentó y, posteriormente, disminuyó de manera gradual a medida que los participantes pasaron del ejercicio moderado al agotamiento, lo que indica un descenso del rendimiento. Los expertos señalan la importancia de subrayar que este patrón fue observado de modo específico en hombres que habían presentado previamente signos de disfunción ventricular izquierda en reposo.

Los autores también indican que, en comparación con el grupo de control sin VIH, los niveles de oxigenación en los tejidos musculares del muslo fueron significativamente menores sólo en los hombres con el virus que presentaban la disfunción cardíaca en reposo. Se argumenta que esta falta de oxígeno es debida a la disfunción cardíaca central y no a la alteración del metabolismo del oxígeno en el tejido, ya que no hubo diferencias entre las personas con y sin VIH respecto a la cantidad de este gas consumido por los tejidos durante el ejercicio. En un estudio anterior se había sugerido que la intolerancia al ejercicio en personas que reciben tratamiento antirretroviral se debía a una disfunción en el tejido muscular periférico.

Aunque se reconoce que es necesario realizar estudios de mayor tamaño para entender mejor las causas de la disfunción cardíaca, el equipo de investigadores insta a realizar un seguimiento más estrecho de los pacientes en tratamiento antirretroviral. “Deberían considerarse la valoración del riesgo cardiovascular y el examen cardíaco regular (incluyendo ecocardiogramas y pruebas de ejercicio) de los pacientes con VIH multitratados para conseguir la detección precoz, la prevención y el seguimiento”.

Referencia: Thoni GJ, et al. Silent cardiac dysfunction and exercise intolerance in HIV+ men receiving combined antiretroviral therapies. AIDS. 2008; 22: 2.537-2.540.

 

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