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RECORDANDO MI... EXPERIENCIA RELIGIOSA
Todos pasamos por etapas de gran intensidad, vivencias que son parte de nuestro aprendizaje personal. El barrio, la etapa escolar, la academia, la universidad, el instituto o el trabajo. Todo ello nos hace recordar a los amigos y amigas que conocimos y las peculiares circunstancias que nos tocó vivir. Lo recordamos más de las veces con mucho cariño y nostalgia. Quizá para muchos – como lo fue para mí- fueron etapas en las que nuestra real orientación sexual no era completamente asumida. Hoy en día, es curioso saber que muchos de mis amigos o conocidos gays durante esas etapas juveniles estuvieron ligados de una u otra manera a grupos católicos. Y es que la parafernalia católica y la idea de conocer nuevos amigos por medio de grupos parroquiales siempre han sido atrayentes. Yo no fui la excepción, y por más de 5 años estuve vinculado al Movimiento de Vida Cristiana (MVC) una asociación católica internacional fundada en Perú por el Sodalicio de Vida Cristiana, una comunidad católica muy influyente en la iglesia de hoy. La semana pasada cerca a mí casa, en una kermés parroquial del Sodalicio, me reencontré con amigos y amigas con los cuales solía participar en el MVC. No los veía por más de 7 años. Claro está, muchos de ellos ya están casados, con hijos, se ven más gordos y lucen más viejos. Yo aún no me he casado – felizmente- No seré el mismo jovencito de cuando tenía 17 años, pero me alegra decir que he cambiado para bien y que no estoy gordo. Si hay algo de esa época que recuerdo con nostalgia son los amigos y amigas que hice. Con ellos solíamos participar entusiastamente en actividades de corte social, tales como la formación de catequesis – ¡sí!, fui catequista- las campañas de navidad para niños más necesitados, kermeses, obras de teatro y otras más. Compartí mucho con ellos, solíamos salir al cine, a comer, o simplemente charlar. Cómo no olvidar mis primeras fiestas de año nuevo en casa de mis amigos o los campeonatos de frontón que era nuestro deporte favorito. De otro lado, la vida de los sodálites fue un referente importante para mí a mis 18 años. Me gustaba su estilo de vida, tan militante y a la vez tan cercano. Había algo, una especie de imán que me era atrayente, y no sólo me refiero a los chicos, que ya de por si eran muy guapos, sino que sus misas, las canciones, la forma de rezar, las oraciones, todo estaba envuelto en un halo muy bien trabajado que finalmente lograba atraer a mucha gente joven. Por un tiempo estuve cavilando la idea de postular a aspirante a sodálite, pero me desanimé finalmente por asuntos más relacionados a mis estudios. La organización estaba basada en núcleos de amigos o comunidades llamadas agrupaciones marianas; yo pertenecía a una “agrupación” que era dirigida por un sodálite y/o por algún agrupado con razonable tiempo y madurez cristiana en el MVC. En las reuniones reflexionábamos sobre nuestras vidas. ¿Quiénes somos?, ¿a dónde vamos?, ¿qué queremos? Las reuniones eran atractivas pues nos brindaban una propuesta radical frente a lo superfluo y vacío que era el mundo. Como ellos decían, el mundo estaba lleno de sucedáneos, y la única solución para ser realmente feliz era vivir una cristiandad de modo radical. Yo me convencí de ello, y estuve vinculado por más de 5 años a esa asociación. Y en verdad, no reniego de esa época, sino todo lo contrario. Fue muy buena para mi, aprendí a conocerme mucho mejor gracias a las dinámicas y talleres de auto-descubrimiento –la idea era que cuanto uno más se conoce descubre la necesidad y el hambre de dios- Pero también fue una época muy conflictiva conmigo mismo, pues en ese descubrimiento notaba que me atraían más y más los chicos y que no podía controlar eso. Recuerdo que me confesaba seguido por haber visto porno gay o por masturbarme, pero la “gracia” me duraba muy pocas horas. Fue una época de muchos cambios y de serios conflictos internos, de dudas y descubrimiento de nuevas cosas que me parecían muy placenteras pero a la vez muy perturbadoras de mis creencias religiosas. Luego de un tiempo y varias reflexiones en torno a mi permanencia en el MVC, y al mismo tiempo mi paulatino descubrimiento del mundo de sucedáneos que eso significaba ,me decidí por desvincularme por completo de mi “agrupación” Traté de ser más coherente conmigo mismo y dejarme llevar por el mundo ese que no conocía. Podría concluir que gracias a un movimiento católico pude descubrir con mayor certeza mi orientación sexual y que fue el primer paso para aceptarme completamente un par de años más adelante. Hoy en día, ya no más soy un católico practicante, más bien, me considero agnóstico. Y no podría compartir las ideas que solía tener en esa época. No odio a la iglesia, pero tampoco es más mi guía o referencia de vida. Definitivamente las cosas han cambiado. Creo que soy más libre en muchos aspectos, en especial en el campo de la sexualidad. Por otro lado no puedo dejar de sentir nostalgia por esos años, pero hay ciertas cosas que ya no vuelven nunca a tener el mismo sentido, y que deben permanecer en nuestras mentes tal como las recordamos, tal como son, sólo recuerdos y sacar lo positivo de las experiencias. Quizá algún día, si me reencuentro con mis amigos de esas épocas les cuente que soy gay, no lo sé. Lo único que es seguro es que cualquiera sean sus reacciones, en mi mente los recuerdos de esas experiencias nunca se borrarán.
Carlos Omar Araya Fidel |
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